¿DE DÓNDE Y CUÁNDO VIENEN LOS PIERCINGS?

ORIGEN DE LOS PIERCINGS

Pese a lo expandido que está actualmente, el origen de las perforaciones en el cuerpo no está en la cultura occidental y no era tampoco un elemento estético.

Los primeros datos proceden de la cultura esquimal y eran perforaciones que se hacían los jóvenes como un rito de paso a la madurez, con sus responsabilidades y su participación en la caza.

También ha habido culturas en las que eran símbolos de poder y cuántos más llevaban más alto rango tenían.

En el caso de los Mayas se perforaban el labio, nariz y orejas con las joyas más caras que podían permitirse.

En las tribus MursiMasái, en concreto la población femenina, deforman su cavidad bucal con discos para aumentar de tamaño la boca y alargan sus lóbulos llevando unos carretes metálicos de gran tamaño.

Y en el caso de los indios Cashinawa se perforaban la nariz para insertarse plumas de colores que indicaban su rango y su madurez

De todas las perforaciones, la de la oreja es la más antigua y extendida. Está en Occidente desde el Renacimiento inglés del s. XVI,  cortesanos, poetas, marineros y piratas.

 

Shakespeare.

El piercing de la oreja tuvo un resurgir en los años 1950, cuando se pusieron de moda las «ear piercing parties» en EEUU: fiestas de pijamas en las que las adolescentes se hacían los agujeros en las orejas las unas a las otras.

Tras esto, vino la moda hippie (’60) y las perforaciones se empezaron a asociar a jóvenes contraculturales. Fue en los 70, con la irrupción del Punk, en que las perforaciones tocaron techo en cuanto a variedad y transgresión.

En los 90 hubo un boom y casi todos los jóvenes llevaban uno o varios. Los piercings faciales triunfaban (ceja, labio, lengua) y corporales como el ombligo.

En la actualidad se puede decir que los piercings que más se realizan son todos los de oreja (Tragus, Hélix, Daith, etc.) y nariz (Nostril y Septum) y después el de ombligo, que sigue siendo un clásico. 

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